Friday, August 3, 2012

RELACIONES INTERNACIONALES: ESTADOS UNIDOS Y AMERICA LATINA

I: Intereses Nacionales Estadounidenses y Elites Nacionales Latinoamericanas

Intereses del País y de la Elite

En un manuscrito que conservo inédito recojo una serie de observaciones sobre las relaciones entre Estados Unidos y los países latinoamericanos que las explican como una relación mutuamente beneficiosa para el establecimiento internacional del primer país y las elites de los segundos, con una diferencia fundamental entre los dos: los estadounidenses tratan de extender los beneficios de la relación a un número muy amplio de sus conciudadanos mientras que los latinoamericanos quieren limitarlos al menor número posible de los suyos y, en últimas, restringirlos al sector dominante de las elites. Con base en esto propongo a mis lectores estudiar conmigo la manera como las elites de los países latinoamericanos se sostienen en el poder con la ayuda del establecimiento internacional estadounidense. Esta visión, que espero despierte un agitado debate en las páginas de este blog, es fruto de muchas lecturas, seguimiento de noticias e interpretación personal de lo que percibo como tendencias históricas.

A mi manera de entender, las relaciones internacionales son un proceso en el cual los países mantienen sus intereses en un equilibrio más o menos precario de acuerdo con los niveles de poder de cada uno de ellos y la habilidad negociadora de sus representantes.

Los intereses de un país se definen en términos de [1] soberanía nacional, [2] protección de las fuentes de riqueza de sus nacionales y [3] capacidad de ejercer influencia en los asuntos de otros países, todo esto tamizado por factores culturales e ideológicos e interpretado, por supuesto, por las elites que controlan los órganos decisorios del estado.

Históricamente los Estados Unidos han definido sus intereses de una manera amplia. Guardan celosamente la soberanía nacional, protegen las fuentes de riqueza de un grupo muy numeroso de nacionales y en el ejercicio de influencia sobre otros países han arriesgado su fortuna en guerras justas, unas veces, y de agresión, otras, perdiendo tantas veces como han ganado. Los países latinoamericanos, en cambio, rara vez van más allá de la defensa retórica de su soberanía –y en ocasiones se han conjurado con los Estados Unidos mismos para violar o limitar la soberanía de los vecinos-, definen de manera muy limitada el número de ciudadanos cuyos intereses consideran dignos de protección y aun los de estos resultan con frecuencia desprotegidos como lo muestra, por ejemplo, la facilidad con que adhieren a la posición estadounidense cuando firman tratados de libre comercio, y su influencia internacional es regularmente mediada por agentes del gobierno de Estados Unidos.

Relaciones Simbióticas

Dada la realidad del poder hegemónico de Estados Unidos y su capacidad  de intervención –abierta o encubierta- en los asuntos internos de los países latinoamericanos, lo que algunos círculos intelectuales y políticos consideran relaciones internacionales no es más que las rutinas de una relación simbiótica entre el establecimiento internacional estadounidense y las elites latinoamericanas –en especial los sectores dominantes de las mismas- en la que ambos interactúan y coordinan políticas y decisiones para maximizar los intereses nacionales de los Estados Unidos y minimizar el cambio en las estructuras de poder en el resto del hemisferio occidental.

En América Latina no hay episodios suficientemente numerosos, repetidos y duraderos de sectores disidentes de las elites ni de líderes que se hayan mantenido en el poder a despecho o a pesar del establecimiento internacional estadounidense como para decir que se han roto las constantes históricas que justifican la afirmación anterior.

Las ideas presentadas en este ensayo, y en otros que sobre el tema me propongo presentar en este blog, son variaciones del tema "quienes gozaron del respaldo del establecimiento internacional estadounidense en América Latina hicieron esto o aquello".


II. Costo Humano en las Relaciones con Estados Unidos

Hay tres actitudes que definen la actitud oficial del establecimiento internacional estadounidense en su política hemisférica: [1] su indiferencia a la manera como las elites latinoamericanas se relacionan con sus pueblos y bloquean los procesos de cambio que podrían mejorar la vida de las masas obreras, campesinas y de clase media, [2] su indiferencia a los llamados efectos colaterales  y secuelas de las actividades que él mismo pone en práctica para proteger las estructuras de poder en los otros países del hemisferio, y [3] la política de “aislar” a los altos funcionarios del estado para que no se les pueda acusar de autoría o complicidad en las decisiones que puedan generar violencia o miseria entre los pueblos del continente.

Los estadounidenses tienen un discurso progresista, democrático y libertario y en algunos momentos han llegado a insertar la defensa de los derechos humanos en su política internacional, pero en ningún momento han permitido que el discurso o las políticas progresistas debiliten las estructuras de poder en el resto del hemisferio o el status quo de sus intereses nacionales. En consecuencia, los partidos, movimientos y líderes progresistas latinoamericanos no cuentan con el respaldo del establecimiento internacional estadounidense. A lo sumo líderes y activistas progresistas recibirán asilo dentro de los Estados Unidos donde serán una amenaza menor para el status quo.

En efecto, como lo muestra la evidencia histórica, no hubo discurso progresista ni política de derechos humanos que protegiera a  los mayas de Guatemala y a los campesinos hondureños del terror a que los sometieron los ejércitos nacionales aliados de los Estados Unidos, al millón de campesinos salvadoreños expropiados sin indemnización por los militares hondureños en la guerra del fútbol, a los campesinos colombianos y bolivianos de la destrucción de sus cultivos de pancoger en la guerra de las drogas, a los mineros bolivianos y chilenos de la brutalización que han sufrido en aras del bajo costo de la explotación del estaño y el cobre, a los trabajadores nicaragüenses desempleados a consecuencia de la guerra financiada por el gobierno estadounidense para sabotear su revolución social. Es la misma desprotección que sufrieron el medio millón de chinos masacrados en Indonesia con la ayuda logística de las agencias estadounidenses de espionaje, los nativos de Timor invadidos y masacrados por el ejército indonesio con la aprobación del Departamento de Estado, los socialistas chilenos asesinados tras un golpe militar coordinado por el Departamento de Estado y los haitianos cuyos tiranos escaparon de la justicia al amparo de los organismos de seguridad estadounidenses. En todos estos casos el establecimiento internacional estadounidense ha ignorado la tragedia humana -y la violación de los principios morales y políticos que dice defender- porque ello ha servido para consolidar en el poder y proteger de justa represalia popular a unas elites amigas de los intereses de Estados Unidos.

Es posible que los lectores reconozcan en estas páginas algunas de las prácticas con que otras potencias mantienen su influencia en países pobres y débiles de otros continentes.  Es lo normal cuando el sistema internacional funciona alrededor de los intereses nacionales de los países más fuertes y cuando las elites de los países satélites no tienen visión histórica ni ganas de luchar si la tuvieran.

III. El Papel de Estados Unidos en el Atraso Latinoamericano

Conviene dejar claro aquí que no es la intención del autor culpar a Estados Unidos del atraso de los países latinoamericanos ni de la violencia que las elites de estos descargan sobre sus pueblos. El atraso del continente no se explica históricamente por la intervención estadounidense en sus asuntos políticos y económicos. Ese atraso tiene su origen en los rezagos de una sociedad colonial rentista y parásita, las estructuras de clase, la separación de razas, la desequilibrada distribución del ingreso y las oportunidades, la red de privilegios que protege a los más afortunados, la desesperanza que limita la iniciativa de los menos afortunados, la incompetencia de la burocracia oficial, la corrupción compartida de funcionarios públicos y empresarios privados y la falta de imaginación y de propósito histórico de las elites nacionales. Existe, además, una seria falla en la habilidad negociadora de las elites latinoamericanas; sin haber sido derrotadas en el campo de batalla, se acercan a la mesa de negociaciones con los estadounidenses sin ninguna estrategia para maximizar la entrega de los intereses nacionales o, al menos, de sus intereses de grupo. La participación de los Estados Unidos en los males de la región es resultado de su intento de aprovechar los problemas estructurales de esta para aumentar su poder externo, beneficiar a sus empresarios y avanzar la carrera profesional de sus agentes; en este intento los Estados Unidos se convierten en cómplices de las elites locales.


Luis Mejía – 3 de agosto de 2012

Publicado en blogluismejia.blogspot.com


5 comments:

  1. Resulta dificil lograr contactar a expertos en Relaciones Latinoamericanas. Aquí en Argentina es todo muy gris en la materia. La experiencia reciente de contar con un Ministro de la cartera, Dr.Héctor Timerman, pone dudas sobre eficiencia y control de una de las responsabilidades primarias en materia de la administración del Estado, a mi criterio la más relevante luego de la primera magistratura de la Nación. Continuas desaveniencioas con su homonimo de la Rep Oriental del Uruguay, deja transparentar ineptitud e improvisación. Hoy el Consejo de Ministro del país hermano, dejo escapar un calificativo peculiar de la figura del Ministro: "El único comentario es que al canciller Timerman jamás le darán un premio por la pronuncia o por el exceso de prudencia"afirmaciones hechas por el sub secretario de la presidencia de Uruguay, Diego Cánepa. Los exabruptos, la descalificaciones destacan su perfil nada diplomático, esterilizando lo poco que se ha hecho en llevar cordiales relaciones con países limítrofes de America Latina. Salvo las distancias que se acortan con Venezuela, como aprobado las similes carencias que padedecemos. Un fuerte abrazo Dr Mejía.

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    1. Gracias por su comentario, señor de Santis. Usted describe una situación que es un buen ejemplo de cómo las elites latinoamericanas manejan las relaciones internacionales como si fueran oportunidades para que un notable se dé vitrina, se vuelva más notable, independientemente de sus capacidades, habilidad para el cargo, conocimiento de las materias que tiene que manejar. El argumento que trato de hacer es que para las elites las relaciones internacionales no son un tema serio, lo único que les importa es mantener relaciones personales y, ojalá, de negocios con miembros del establecimiento internacional estadounidense. Son indiferentes a todo lo demás, aunque sea todo lo demás lo que es importante para hacer de nuestros países verdaderos soberanos de su historia, su cultura y sus recursos.

      Luis Javier

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  2. Doctor Mejía:

    He leído con gran interés su artículo "Relaciones Internacionales: Estados Unidos y América Latina" Es un tema fundamental expuesto por usted con mucha claridad en el que hay mucha tela qué cortar. Pero a groso modo, le expreso mi concepto.

    Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina siempre han sido asimétricas. No han sido de beneficio recíproco. La "Doctrina Monroe" que buscaba defender a las naciones americanas de las invasiones europeas, fue entendida por Theodore Roosevelt como un arma destinada a proteger los ciudadanos y los negocios estadounidenses. Una doctrina cuyo objetivo era defender la independencia americana de las monarquías feudales europeas, se convirtió en la base de "América para los norteamericanos".
    .
    La "Doctrina Monroe" fue definitiva en la política exterior de Estados Unidos. En su determinación de expandir su territorio, sirvió para apoderarse de Texas, Arizona, California, Nuevo México Nevada y posteriormente, para apoderarse de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Panamá. Con razón, algún presidente mexicano decía: "Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos." Como parte de su táctica hegemónica convirtió a América Latina en su área de influencia. Estados Unidos ha creado un sistema internacional que impone su noción de libre comercio, de relaciones bilaterales, de información, de elecciones democráticas, como expresión de su imperialismo creada para sacar ventaja de los países subdesarrollados de América Latina. En sus relaciones con Colombia, Estados Unidos ha impuesto sus condiciones definiendo el curso de su economía, determinando su política y asegurándose su apoyo en su política de hegemonía mundial.

    Después del asesinato del presidente Kennedy que impulsó el desarrollo de la región latinoamericana con su plan "Alianza para el Progreso", Richard Nixon y Henry Kissinger profundizaron la intervención en América Latina con el apoyo a regímenes de derecha y asesinatos de líderes de izquierda. Parte de la negra historia reciente de Colombia está signada por el patrocinio de George Bush a Alvaro Uribe como retribución al incondicional apoyo que este le brindó en su invasión a Irak. Alvaro Uribe permitió que Estados Unidos accediera a bases militares colombianas. Esto agudizó el enfrentamiento con Venezuela. El 22 de julio de 2010 la Corte Suprema de Justicia determinó que la continuidad de las bases exigía un nuevo tratado. Posteriormente la Corte Constitucional declaró inexistente el acuerdo de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos. En el campo de los Derechos Humanos, pese a los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch sobre exoneraciones a muchos militares acusados de abusos y sobre la impunidad reinante, el Departamento de Estado certificó a Colombia porque "el Gobierno Colombiano y las Fuerzas Armadas están prestando atención a los derechos humanos y están trabajando para superar los problemas en esta área". Alvaro Uribe fue el gran aliado de Bush para contener el ascenso de líderes como Hugo Chavez. No obstante, en medio del esplendor de la relaciones Bush-Uribe, la embajada americana solicitó acelerar las investigaciones por la masacre de Jamundí.

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    1. Continuación:

      La relación entre Barack Obama y Juan Manuel Santos ha marcado un cambio.Y era de esperarse porque pasamos de dos personajes de la ultraderecha extrema a dos mandatarios demócratas. Ahora existe una agenda cuyas prioridades son las buenas relaciones entre vecinos, la seguridad, el desarrollo y el medio ambiente. En aplicación de esta agenda Colombia recompuso sus relaciones con Venezuela y Ecuador.

      Dentro de este clima se produce la aprobación del Tratado de Libre Comercio que permite la apertura recíproca de los mercados de los dos países y genera condiciones propicias a la inversión extranjera. Según expertos economistas Colombia no podía quedarse sumergida en el subdesarrollo y era imperativo establecer pactos económicos con otros países del mundo. Estados Unidos es un país con una gran capacidad de compra y Colombia puede exportar numerosos productos para mejorar el nivel de desarrollo, lo cual no elimina la gran diferencia entre un país con gran capacidad de competencia como Estados Unidos frente a un país en vías de desarrollo como Colombia. Están en alto riesgo pequeñas y medianas empresas que no podrán sobrevivir a las condiciones impuestas por el coloso de norte y a los intereses de grupos privilegiados.

      En su libro "La Audacia de la Esperanza" Barack Obama admite que el sistema internacional impuesto por Estados Unidos ha producido más prosperidad en países desarrollados que en los países subdesarrollados. Por esta razón, expresa: "Nuestro desafío, pues, es asegurarnos que las políticas de Estados Unidos impulsen el sistema internacional hacia una mayor igualdad, justicia y prosperidad, que las reglas que patrocinemos sirvan tanto a nuestros intereses como a los intereses de los países que luchan por salir adelante". "No es que la política de "amor duro" tenga nada de malo en lo referente a ayudar a los países pobres. Demasiados países pobres están lastrados por leyes de propiedad arcaicas e incluso feudales; en el pasado, demasiados programas de ayuda internacional han servido solamente para llenar el bolsillo de élites locales y el dinero ha acabado en cuentas de banco suizas."

      En suma, doctor Mejía, estoy de acuerdo con usted en que Estados Unidos no es culpable (en un 100%) del atraso y subdesarrollo de América Latina. Aún con su propósito de sacar ventaja, muchas veces y de muchas maneras nos han tendido la mano. Pero mientras subsistan el hambre, la exclusión, la violencia, la corrupción administrativa, los nexos entre políticos y paramilitares y, sobre todo, una ultraderecha recalcitrante y extrema como la comandada por Alvaro Uribe, Colombia no saldrá adelante. No obstante, considero que en lo atinente a las posibilidades de establecer unas relaciones en mejores condiciones con Estados Unidos, UNASUR puede marcar un norte.

      Cordial saludo.

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  3. Doctor Mejia, excelente articulo y muy claramente podemos definir que el hecho que un pais luche por su soberania y proteccion de recursos mas preciados lo hace incomodo para las relaciones internacionales con algunos paise,como en este caso aqui en venezuela tenemos tanto ataque informativo y mediatico de paises subordinados a Estados Unidos simplemente a favor de el sistema,por tratar de ser mas soberanos, con politicas de inclusión, anti capitalistas, mas humanas y que ayuden a la preservacion del planeta, sin embargo, contamos con presidentes que han entendido muy bien la importancia de no doblegarse y entregar su nacion a estos intereses y asumiendo el rol de la unión, comparto la opinion anterior muy acertada al decir :UNASUR puede marcar un norte. Por el momento le hemos los venezolanos mostrado al mundo lo democraticos que podemos ser con unas elecciones con casi el 82% de participacion primera vez en la historia de venezuela y estamos mejorando nuestras relaciones con Estados Unidos, con Colombia muy apesar de las injerencias de personajes como Uribe. Hemos elegido por reelección al Presidente Hugo chavez con un 55,25% a conciencia que es la esperanza de muchos paises para salir adelante con su acertada politica y programa de desarrollo social de nuestro pais. Desde Venezuela un fraternal abrazo. Mayrim

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